Desconfía de las terapias express

Últimamente llega gente a consulta que quiere pasar rápidamente por lo que esta viviendo. Me dicen que no quieren pasarlo mal en la terapia, que quieren consejos y palabras que les ayuden a pasar este mal trago. Habitualmente suelen preguntar cuánto va a tardar la terapia. Que necesitan volver con su “vida normal”.

¿En qué consiste la terapia? ¿Cómo saber si estamos haciendo terapia o algún otro tipo de acompañamiento? ¿Cuál es la terapia que más me conviene? Muchas son las preguntas a las que nos enfrentamos la primera vez que hacemos un trabajo terapéutico y muchas son las dudas acerca del saber si estamos o no haciendo un trabajo correcto.

Me llaman la atención aquellas terapias o encuentros en los que el terapeuta nos aconseja y habla por nosotros, diagnostica y analiza. Es muy fácil, piensa uno como profesional, decir lo que “cree que el otro debe oír”, mostrarle nuestro arsenal de frases de “Facebook” y hacer que su prurito mental quede satisfecho. Pero no es así, ni tampoco debe ser así.


Un buen proceso de terapia es largo… si… lo es. Sentimos defraudar a todos aquellos que creen que en un mes ya están “bien”. La terapia más que un proceso, es una mirada hacia el mundo, un punto de inicio de un modo de habitar distinto en la vida.

Además la terapia tiene que ayudarnos a “desenredar la madeja en la que nos hemos metido nosotros”. Y como somos nosotros quienes hemos llegado allí, son nuestros pasos los que nos tienen que hacer desandar lo caminado. La terapia, se muestra como un pretexto, un enjambre de miradas distintas y espejos que nos hacen ser conscientes de quién somos y dónde estamos.

Pero desconfía cuando el terapeuta hable más que tú, desconfía si al decirte frases aforísticas tu mente queda calma; porque ésta buscará cualquier excusa para no descender al lugar donde habita la emoción.

Un proceso de desarrollo personal que no te incluya como actor de tus decisiones, que prescinda de tus deseos y necesidades, que te obligue a llevarte a un estado de normalidad es un adoctrinamiento.

Un proceso donde no seas tú quien obtiene los aforismos, donde no seas tus quien se llene de EXPERIENCIAS y no de frases que hablan de experiencias es un proceso vacío y inerte.

Duele, lo sabemos, mirarse: duele. ¿Cómo saber si has hecho un proceso terapéutico? Te ofrecemos los siguientes indicadores:

1. ¿Haces lo mismo que antes?
2. ¿Vives en el mismo lugar, con la misma gente y cumpliendo los mismos roles?
3. ¿Tienes las mismas relaciones que antes de comenzar el proceso?
4. ¿Qué cambios has experimentado? ¿Son de fondo y tan solos son de figura?
5. ¿Sigues viviendo la misma historia repetida de antes?

De hacer un proceso de auto-conocimiento nuestra relación con el miedo tiene que ser pedagógica.

Nuestra relación con lo novedosos tiene que estar cubierta de un manto de curiosidad excitante. Lo distinto, lo que nos produce pavor tiene que estar envuelto de humildad.

Y sí, uno tiene que sentir que no hay mayor fortaleza que entregar lo vulnerable.

Los niños saben vivir en el «no sé», pero nosotros no
La pregunta correcta no es ¿Cómo ser creativo? La pregunta realmente importante es: ¿Qué te impide sentir que ya lo eres?

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