“Eres un desastre”.

Un Padre le decía el otro día a su hija:

“Eres un desastre”.

Entre otras cosas porque no recogía su ropa después de jugar.

Nuestras palabras son el mundo en el que se mueven los niños.

Ser un DESASTRE es una cosa y enseñar lo importante que es recoger la ropa después de jugar es otra.

Lo primero destruye y lo segundo educa.

Nadie aprendió nada (bueno) sintiéndose maltratado.

Sé que nos falta tiempo y que nos pesa el mundo.

Pero tu hija quizás no es un desastre, quizás estaba despistada, quizás no sabe lo importante que es para ti ser cómo tú quieres, o lo esencial que es para ti que recoja después de jugar. Quizás tiene otro ritmo, quizás aún esta aprendiendo… quizás tantas cosas…

Sea cómo fuera…

Tus palabras son su mundo, tu voz es el abrigo, es el rumbo desde el que mirará al horizonte.
Sus pases serán más amplios cuanto más la escuches, más la comprendas, más trates de conocerla y menos de sentenciarla.

No clasifiquemos, no juzguemos, no les metamos en cajitas …

Porque los niños son lo que les decimos.

Nuestras palabras pueden marcarles, negarles, invisibilizarles…. clasificarles …

Y bien sabemos los adultos…

Que clasificar, juzgar, sentenciar…

Es el nombre que tiene nuestra curiosidad cuando muere.
Bienvenida V.
¡Papá! Que nos faltó algo muy importante.

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