La exigencia educativa como tiranía docente

Una maestra de mi hija dice que es “MUY EXIGENTE” con los niños.

Vamos a ver señor/a…

Hablemos de exigencia educativa.

Si eres “exigente” con un niño de 6 años, lo primero de todo es que se te va la olla, mucho, pero mucho.

Otra cosa es que te gusta que aprendan que te interesa su crecimiento, el amor por el conocimiento, que pones todo en tu labor para dar lo MEJOR DE TI para que ellos aprendan y terminen el curso con la materia aprendida y una sensación agradable.

Ser exigente (ahora veremos en qué términos) con un niño de 6 años es demencial.
Entiendo que esa palabra tan denostada querrá significar otra cosa que el “exigirles mucho porque ellos pueden dar X y no me conformo con menos”. (que telita esa frase)

Al principio del curso pensé en esa idea romántica mía del “es exigente en términos de quiero que den lo que yo les he enseñado, los procesos, las formas, el contenido… etc”.

La exigencia como un tipo de espera y de vínculo pedagógico…

Pero no…

Ay!! este idealismo mío.

Para nada.. Era exigente en los términos más básicos de la palabra.

EXIGIR pedagógicamente implica también cierto “dar”.

TE EXIJO ALGO QUE YO TE HE DADO ANTES. Lo que no puedes hacer es exigir algo Y NO PREOCUPARTE DE ENSEÑARLES CÓMO SE APRENDE.

“Si te he enseñado así y asá y me he preocupado en explicar así y asá, y hemos buscado estos aprendizajes y no otros, te EXIJO esto”.

Porque exigir (pedagógicamente) es un tipo de espera, una deferencia, un intercambio.
Por ejemplo si en casa quiero exigir “orden”: Hago un proceso sobre el orden, hablo del orden, soy ordenado, nos damos tiempo para comprender la importancia del orden, ordenamos juntos, ordenamos fuera de casa …. así te puedo exigir ser ordenada.

Pero si al cumplir 6 años le digo a mi hija “TE EXIJO SER ORDENADA” y me limito a recordarle todo los días que tiene que tener el cuarto recogido, la ropa ordenada, los platos retirados tras la comida, que debe ordenar en casa de los abuelos… entonces no les estoy enseñando nada más que a OBEDECER órdenes inconexas de un padre confuso y con sed de protagonismo.

Si a eso le agrego el “lo hago por tu bien” entonces la ecuación ya está de lo más neurótica posible.

(en su cabecita se preguntaría)

¿Qué haces por “mi bien” papi?
¿Lanzarme información dogmática y sin sentido?
¿Sentirte útil al ver que tu hija no sabe y te necesita?
¿Enfadarte porque no puedo leer tu mente?
¿Sentirte importante al ver que no sé?

Como decía… si en el tema del orden la acompaño, enseño etc… entonces : PUEDO EXIGIRLE SER ORDENADA.

Porque repito, la exigencia es un aprendizaje compartido en base a un proceso conjunto y un tipo de espera pedagógica.

Exigir pedagógicamente tiene sentido cuando soy partícipe de un proceso en el que tú eres protagonista.

Para eso debo ser capaz de ordenar bien el contenidos, los métodos, evaluarlos y un largo etc de cosas que parece ser que el/la docente no ha hecho.

Porque ese señor/a lo que hace es ponerse la etiqueta de “soy exigente” como si fuera algo positivo de por sí.

Como si fuera algo pedagógicamente interesante por sí mismo.

Pero no es así.

La diferencia entre la tiranía y la exigencia es muy pequeña.

Si eres exigente, si quieres pedir algo a un alumno antes debes darlo. 

Si no lo das, entonces eres otra cosa.

Y te digo algo más.

Para ser exigente con el otro lo tienes que ser contigo primero.

Y si para ti ser exigente es “castigarte, sacrificarte y asfixiarte” entonces tendrás una clara representación de lo que pides y haces con el otro.

Que lo mismo esa bandera de “mira qué buen docente soy que soy muy exigente” esconde más sombras que Voldemort.


Salir más al parque
La niños son el espejo de toda la sociedad.

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