En clase se comporta de forma ausente: está sin estar. No se incluye en los juegos y le cuesta estudiar y estar disponible para el aprendizaje y para sus compañeros. Siempre que me ve, me llama papá.

-Yo no soy tu papá- le digo siempre. Ella juega y me dice: “Vale…” y, cuando se marcha, tras darme un abrazo, se despide diciéndome: “¡Adiós, Julián Papá!”.

Hoy, en clase, no quería jugar y, tras hacer una dinámicas, se puso a llorar. “Yo no conozco a mi papá”, me dijo.

En ese momento nos fuimos frente a un espejo y le dije: “¿En qué te pareces a tu Mamá?” y ella me dijo: “En los ojos, la nariz y la frente; las orejas son como las de mi abuela.” “¿Algo más?” “No.” “Bueno, mi vida. Todo eso que no sabes de quién es, es de tu papá. ¿Le ves?, ¿imaginas cómo es tu papá?”

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En vez de decir a los niños: “¡Muévete!” o “¡Córrete para atrás!” e intentar ordenarles, nos paramos durante unos segundos y les pedimos que miren a su derecha y a su izquierda y que, en vez de decirles a los demás lo que tienen que hacer, sean ellos quienes se muevan y busquen un lugar desde el que el grupo esté “bien”. ¿Qué puedes hacer tú para que el círculo este ordenado? Se observan y dirigen su movimiento hacia el círculo. 

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En la escuela, las preguntas siempre van dirigidas a que el niño responda y eso le impide ser capaz de jugar con sus bosquejos internos; eso hace imposible que su esencia salga a explorar y a bailar. A nuestra esencia no le interesan los caminos rectos, no le interesa la prisa del otro ni el deseo de cerrar una puerta. Nuestra esencia siente que, cuando cierra una puerta, una parte de ella muere. No le interesa sentenciar ni atar; le interesar dar vueltas, mezclarse, jugar, besar, palpar, recorrer y ser libre. Nuestra esencia quiere poder desligarse de lo antiguo y transitar hacia una nueva forma.

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a tristeza es como una gota que se va clavando lentamente hasta llegar al fondo del alma. Esquivarla sólo empeora las cosas. Porque la tristeza, como todo, necesita atención. Necesita que les des su espacio y su presencia. De no ser así, aprenderá a disfrazarse y buscará aliados cada vez más disímiles y tóxicos que potenciarán su presencia. ¡Ni te imaginas la de disfraces que puede tomar sólo para sentirse atendida!

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