En clase se comporta de forma ausente: está sin estar. No se incluye en los juegos y le cuesta estudiar y estar disponible para el aprendizaje y para sus compañeros. Siempre que me ve, me llama papá.

-Yo no soy tu papá- le digo siempre. Ella juega y me dice: “Vale…” y, cuando se marcha, tras darme un abrazo, se despide diciéndome: “¡Adiós, Julián Papá!”.

Hoy, en clase, no quería jugar y, tras hacer una dinámicas, se puso a llorar. “Yo no conozco a mi papá”, me dijo.

En ese momento nos fuimos frente a un espejo y le dije: “¿En qué te pareces a tu Mamá?” y ella me dijo: “En los ojos, la nariz y la frente; las orejas son como las de mi abuela.” “¿Algo más?” “No.” “Bueno, mi vida. Todo eso que no sabes de quién es, es de tu papá. ¿Le ves?, ¿imaginas cómo es tu papá?”

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